EL REINO DE LA CORRUPCION
Novela de Ciencia Ficción Sociológica

El presente y el pasado se entremezclan en el relato que de la vida social de un país ¿imaginario? hace el conductor a su joven acompañante durante el largo viaje de regreso a casa, después de una ruta comercial de varias semanas.
La acción se desarrolla en un futuro no demasiado lejano, en el que es posible vislumbrar rasgos característicos de nuestros días y nuestras sociedades.
Después de leerlo nos quedan claras muchas cosas que no debieran de ocurrir jamás. Pero, ¿no pasaron ya? ¿Es un simple novelista el autor? ¿Existe la verdad?

Autor: A. Quijano
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Carta abierta a Gemma Nierga

Por A. Quijano - 13 de Febrero, 2010, 0:36, Categoría: General

Carta abierta a Gemma Nierga

He estado casi una hora buscando un conocido desnudo suyo en Interviú, está absolu-
tamente olvidado. No he encontrado una sola referencia. En su momento no desperta-
ron en mí más interés, (sus imágenes) que lo pintoresco del hecho viniendo de una
persona con su trayectoria y formación. Me va usted a perdonar pero soy oriundo de
una zona de España propensa a las posturas incongruentes de incongruentes persona-
jes públicos (Bono, Sara Montiel, etc) y en ése ámbito de las cosas pensé que estaba
mejor clasificar su acto, había otros de carácter social que me hacía menos gracia pen-
sar en ellos. Usted me caía bien a pesar de sus posturas algo artificiales y no me costó
dejar de pensar en aquello. Espero no haber ofendido su sensibilidad femenina con lo
del «bajo interés», vivo muchos años en Valencia y solo me va lo duro (Anela, Líde-
res de Legionarios de Cristo, Expolio generalizado), comprenda que estoy demasiado
enganchado para nimiedades.
Sin embargo ayer, día 11 de febrero del 2010, la vi tan desposeída de integridad mo-
ral que sentí vergüenza de no haber comprendido que era mi sexto sentido el que vi-
braba ante su figura pública. España con la transición obligó a besar bandera a todo el
que estaba cara a los medios de comunicación, había que elegir el bando y el progre-
sista, era más defendible, parecía entonces tener más futuro ¿verdad? Muchos nos
equivocamos, todo lo que se puede pagar con dinero es susceptible de ser comprado y
vendido, comida, zapatos, piruletas, médicos, abogados, políticos, etc, etc, etc. Mu-
chos nos equivocamos.
Ayer asistió usted a un individuo que hizo apología de la delincuencia empresarial al
quitar importancia al hecho de las estafas en los sueldos que están ofreciendo a los
trabajadores. Decía el joven que llamó que no encuentra trabajo por que el conoce la
Ley y no le gusta abusar de los débiles, que se están ofreciendo miseros sueldos de
600 € a individuos que su convenio está en 1100 y 1200 €, era asesor laboral y mien-
tras usted le metía presión con la excusa del tiempo, su invitado contestaba: «pero eso
son pequeñeces ¿que le van a hacer por ello? El que quiera trabajar tendrá que adap-
tarse o estar mucho tiempo parado».
¿Son pequeñeces? Son cientos de miles las familias que han sido desahuciadas o es-
tán a punto de serlo por que el ladrón de turno no paga el sueldo al trabajador. Cien-
tos de miles los que tendrán que recurrir a la familia, el que la tenga, para comer.
No se me ocurriría jamás preguntarle la edad, pero me muero de ganas de conocer su
sueldo. ¿Sabe? En la Historia de la extinta Unión Soviética hay un capitulo de los
más negros de la humanidad. Según se cuenta en el Libro Negro del Comunismo (tex-
to demonizador del comunismo, demonizado a su vez por éste), ante las hambrunas
de postguerra Stalin obligó a los campesinos que pretendían huir a la ciudades en bus-
ca de supervivencia a morir en sus casas, en silencio y solos. Desconozco la verdad
de todo esto, por que no lo he vivido, pero se lo que está haciendo el capitalismo sal-
vaje en España, en Valencia, por que lo sufro y lo veo. Y la Historia de España no lo
ha de contar jamás, por lo mismo de más arriba, todo se ha vendido al mejor postor,
tambien los historiadores y, el quinto poder, que ridículo apelativo parece hoy ¿ver-
dad? Acabaremos vistiendo las pieles de los caidos. Ellos ya no las necesitan. Es una
pequeñez.

Alonso Quijano

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