EL REINO DE LA CORRUPCION
Novela de Ciencia Ficción Sociológica

El presente y el pasado se entremezclan en el relato que de la vida social de un país ¿imaginario? hace el conductor a su joven acompañante durante el largo viaje de regreso a casa, después de una ruta comercial de varias semanas.
La acción se desarrolla en un futuro no demasiado lejano, en el que es posible vislumbrar rasgos característicos de nuestros días y nuestras sociedades.
Después de leerlo nos quedan claras muchas cosas que no debieran de ocurrir jamás. Pero, ¿no pasaron ya? ¿Es un simple novelista el autor? ¿Existe la verdad?

Autor: A. Quijano
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Destinos distintos

Por A. Quijano - 7 de Junio, 2009, 21:21, Categoría: General

Es difícil realizarse un psicoanálisis a uno mismo. Hay personajes reales como Woody Allen que han construido su vida en torno a esta figura poco practicada por los españoles. El español es más propenso ha hacerse psicoanalizar y que le digan quien es, es lógico, tras 70 años del imperio de la psiquiatría oficial, coautora junto a Franco de la idiosincrasia social, en lo político, en lo económico, en la racionalización mediática a la que es sometido el español por todos los mass media, que fuera del enfrentamiento doctrinario afín a este o aquel partido político, o grupo de presión con sus ahora descaradas tomas de posición, (la socialización de la cultura que a supuesto Internet los ha hecho transparentes, aunque aun muchos grupos y partidos siguen sacando réditos políticos del analfabetismo y el miedo irracional, a abstractas creencias supersticiosas, inherentes al temor atávico de todo ser vivo a la muerte, esa transparencia los incomoda y miran a las cámaras como el que se sabe cogido) no difieren en cuanto al trato patriarcal a las masas.

(Has sido malo. Papá te pondrá una multa que te desplumará. Por tu bien, por que te cuidamos, te vamos a mantener 25 años en continua situación de alerta, por que sabemos donde estas en cada momento de tu vida. Ha saber a cuantos españoles torturan de esta forma personalizada.) Mi padre en algunos momentos duros de su vida tenía la obsesión de que los de los telediarios podían vernos desde las pantalla. Por ejemplo. Y esta situación lejos de tener una solución de continuidad se irá reforzando por que es de alto rendimiento para los objetivos de nuestros captores. Mantener constreñida la libertad de decisión del individuo a las necesidades de mantenimiento de los lujos de las castas superiores, no importa si de tinte capitalista o comunista, de anarcosindicalista o republicanonacionalista, es imprescindible para que puedan seguir viviendo a su ritmo de gastos. Siempre serán ciudadanos preferentes.

 

Tras más de setenta años desplumando y sometiendo al pueblo a sus necesidades lucrativas, hemos llegado al estado de la subvención. Vivirás en la miseria pero comerás, de momento. Mientras los arsenales están hasta la bola de bandera. Y los perros de la guerra, que ahora lo tienen más fácil que nunca “en el día de hoy, cautivo y desarmado…” están listos para cuanto sea necesario.

 

Hace ya algún tiempo que lo comenté de pasada en otro articulo. Mi condición es la de haber sido victima de la institucionalización

siquiátrica de mi padre durante y después del franquismo. Mis experiencias de niño cuando me llevaban al hospital psiquiátrico Padre Jofre a visitar a mi padre durante sus ingresos forzosos, me marcaron profundamente y me estigmatizaron de tal forma que durante décadas cuando iba por la calle, bien fuese en mi ciudad de residencia o viajando en busca de trabajo y descanso, aunque fuera transitorio, de mi realidad personal y mi carga mental, tenia un imán especial para atraer a todo tipo de colgados por cualquier circunstancia. 

 

Pobre viejo. En sus estados más febriles parecía peligroso, pero solo era un pobre hombre al que dieron las primeras descargas eléctricas en tiempos de minas de carbón en Puertollano. Jamás he conseguido  ningún informe suyo. A pesar de haberlo buscado incluso con cierta insistencia en el Archivo de la Diputación de Valencia, que ocupa el espacio que ocupara el antiguo, siniestro, a mi recuerdo, hospital psiquiátrico. Estuve tres o cuatro veces allí y al menos un par de veces en el hospital en el que lo trataron en la última fase de su enfermedad pulmonar, en Portacoeli. La última vez que lo ingresaron fue en 1980, en el, nuevo entonces, Psiquiatrico de Bétera, de allí, supongo que bajo los efectos de algún cóctel de fármacos absolutamente incapacitante de los que le metían, se les escapó y estuvo algún tiempo desaparecido, lo buscaron amigos y vecinos y por fin apareció desecho por el sol y por lo que había bebido o comido en aquel estado, poco tiempo después lo enviaron a casa desde Portacoeli, supongo que a morir a su casa, por que así fue. Comenzó  a sacar sangre de los pulmones y ya no salio de La fe, donde lo llevé de urgencias. El mayor de sus hijos, de tres, que era yo, tenía 20 años, le llevaba 10 años al siguiente. Pero yo ni siquiera participé en su búsqueda, diez años de recuerdos de psiquiátricos, miserias, represión policial fascista desde dentro de mi propia casa, habían acabado con mi integridad. La sociedad para mí era algo sucio de lo que había que escapar como fuera, aunque fuera bajo los efectos de las drogas. Mi acto de amor supremo, dos años antes, había sido obligar a la única persona que hubiera podido salvarme de la aniquilación mental en la que me encontraba, a olvidarme, olvidarme para siempre, como si los tiempos pasados a lo largo de dos largos años, que habíamos compartido a trozos, no hubieran existido jamás. Poco después de la muerte de mi padre me visitó en Valencia. Nos vimos una hora y se fue, no teníamos nada de que hablar. Mi miseria era solo mía, aquello no era compartible. No creo que ella pueda llegar a entender nunca por qué tanto desprecio cuando ella, entonces, había sido la única persona que me había ayudado a vivir. Ella no merecía mi miseria. Y no supe hacerlo de otra forma. Ya nunca podré abrazarla y llorar.

         Me estuvieron mareando hasta que me agotaron, no solo no saqué ningún documento, sino que fui perseguido por individuos de paisano, muy agresivos en su hacerse notar. Hubo incluso un episodio en el que coincidí en el bar, donde parece que frecuentaba uno de los antiguos celadores del psiquiátrico, a los qué les mantienen allí un puesto de trabajo, (es curioso por que el bar era o es, no lo sé, hace tres o cuatro años de esto, propiedad de un antiguo compañero de colegio, en un colegio para pobres, en el que en 1971 aun se obligababa con la fuerza de la fusta a cantar el himno fascista con el saludo nazi; no nos saludamos, no había motivo para avergonzarse; posiblemente el pensase que sí, de niño pasaba a su casa y conocía a su madre, ¡psiquiatras de mierda!). El celador, un hombre bien cuidado para su edad de entre 55 0 60 años, había estado un poco suelto de lengua un día que conseguí llegar a ser atendido por una persona del Archivo Histórico, sito en el lugar que ocupara el viejo psiquiátrico. Poco antes de que esta llegase andaba por allí ex-celador colocando sillas, se interesó por mi permanencia allí y le comente que mi padre había sido interno del viejo psiquiátrico y buscaba información, y me pareció que la conciencia le gastaba malas pasadas; habló de manejo de maquinas eléctricas muy de aquella forma de  (“yo las manejaba” o “yo las vi manejar”). Y es cierto que aquel artilugio atroz, que rompía columnas y huesos varios si se tenía mala suerte, inventado y puesto a punto en mataderos de cerdos por Ugo Cerlleti, era habitualmente usado por asistentes y celadores, y no por médicos especialistas. La mayoría no se recuperaba jamás del terror paralizante de que dos o tres energúmenos te cogieran a la fuerza, te inmovilizaran y te friesen la sesera con violentas descargas que rompían dientes y acercaban al reo a la agonía de la muerte. Por que ese es el efecto que causaba en la victima; el inconsciente de la victima sentía una experiencia tan cercana a la muerte, que en teoría, el instinto de supervivencia ejercía una acción terapéutica, según escritos dejados por el mismo Cerletti. En España este método lo probaron todo tipo de enfermos, psiquiátricos y no psiquiátricos, homosexuales, lesbianas, etc.  Pero no eran pacientes, eran reos del fascismo más atroz, el que lo hace por tu bien. Y una tarde que lo cogí tranquilo con su cerveza, al ex-celador, en el bar de mi ex–compañero de colegio, se asustó. La zona tenía interés para mí por que estaba aprendiendo a usar Internet en los ratos muertos entre servicios, entonces era conductor de servicio urgente, y enfrente del bar había un locutorio, se aparcaba medianamente bien y tenía una buena situación en la ciudad, frente a la nave del lado este del antiguo psiquiátrico. El tipo se asustó, me recoció de mi visita a su puesto de trabajo. Pronto aparecieron dos tipos que se hicieron visibles para los dos, uno de ellos se apoyó en la barra entre el y yo. El ex-celador no se acabó ni la cerveza y hasta mi ex-compañero de colegio notó algo raro y me miró mal. Realmente fue una movida extravagante, no lo culpo, hubiera podido parecer que estaba acosando sexualmente a aquel individuo dado su comportamiento.  Yo aun me tomé mi consumición con desprecio absoluto a aquellos dos fantasmas, estoy acostumbrado desde hace más de 25 años a episodios parecidos, y me marché; el locutorio estaba cerrado, no era un negocio. Hoy pocas cosas lo son, el giro hacia un sistema financiero de corte fascista hacia indispensable desplumar a la gente, para poder darle caros créditos. Está todo muy bien estructurado, el Estado te retiene efectivo que luego te devuelve para que necesites del financiero, que es su aliado en todo esto, es evidente, ahora están vaciando entre los dos las arcas públicas con una suerte de nueva figura, el Capitalismo Socialista, que consiste en vaciar las arcas del Estado para hacer fuertes a los que han creado el problema con sus sucios manejos, al sistema financiero, heredero real de todo lo expoliado al Pueblo español, que después de estar recluido en el campo de concentración que fue España durante cuarenta años, ha pasado ha estar en libertad vigilada. Con fuerzas secretas con poder para manipular cuanto sea necesario, para que todo siga igual ¿En las entradas de Valencia hay cámaras de control de accesos? El 31 de mayo de 2007, en la calle de Jesús, a escasos cincuenta metros del viejo psiquiátrico, hoy convertido en Archivo Histórico, me ocurrió otro percance, pero este lo contare otro día de menos riesgo.

 

De aquel colegio me sacaron con unos 11 años. Estaba desecho. Y me inscribieron en una academia frente a la capitanía general de Valencia. Vi a Franco tantas veces como fue a Valencia, y a sus cuidadores, ángeles perversos a los que más valía no tomar a risa.   

Yo era un llorón miedoso que fue pasando de curso por que interesaba a los intereses de la academia, no porque hiciesen bien su trabajo. Poco a poco me fui reponiendo y cogiendo temple. Mis nuevos compañeros no tenían que formar en el patio, ni tenían que cantar el himno fascista mientras un tipo con guardapolvo gris comprobaba que se cantaba, con la amenaza de la fusta. El trato con las chicas era algo tan nuevo que hasta tuve algún comportamiento fuera de lo normal, más que eso fue un problema de comunicación. De a poco fui cogiendo edad, pero los compañeros y yo teníamos poco en común. Ellos eran hijos ultra protegidos socialmente, y yo, el hijo de nadie. Yo nunca supe que iba a ser cuando fuera mayor, ellos lo tenían claro la mayoría, especialmente los mas violentos, los que eran capaces de entrar en el Corte Ingles primitivo, inaugurado en Valencia tres o cuatro años antes y llevarse un traje de terciopelo, o unas botas de piel. Yo en cambio, la única vez que tuve un percance en el Corte Ingles primitivo fue con el hijo tonto del coronel. Andaba delante mío se gira y me dice --toma esto, y me pone en las manos un blister de dos pilas pequeñas, y comienza a andar de nuevo. Oigo que alguien dice algo y conforme me giro veo que él tira algo al suelo, otro paquete de pilas. Yo me quedé con el mío en la mano mientras éramos dirigidos al cuartito de seguridad del centro comercial, es la única vez que he estado en una situación parecida; aquello parecía la puerta principal, señoras con abrigos de piel, trastos aparatosos de tamaño que no consigo encontrar su recuerdo concreto en mi memoria. Fue ridículo, nosotros allí con cuatro pilas en dos paquetes. Yo siempre tuve claro que no sería como ellos, no éramos iguales. Yo jamás fui capaz de pisar la cabeza de nadie que estuviese en el suelo. En ninguna de las ocasiones que tuve ocasión se me ocurrió aprovecharlo, ellos eran distintos.

     Yo jamás enviaría a mi novia, que se dice ahora, a abrir con gran esfuerzo la faja de una chica mucho mayor que todos nosotros, pero con un evidente retraso, mientras yo le acariciaba los enormes pechos a ella, intentando que se olvidase de la obsesión que tenia por aquella chica retrasada, que había venido con ella y se centrase en mi. Con los ojos brillantes en la arena de la playa, húmeda la boca, nerviosismo en las manos y los ojos que buscaban bultos y complicidades. De pronto con un sobresalto se levanto recomponiéndose, llegaba el autobús donde venía su novio. Aproveché para irme en el autobús de regreso. --¿Te vas?  --Si, si, me voy. Luego fue diciendo, entre su grupito de machitos de papá que me lo había hecho con una retrasada. Pero cuando a dos dedos de su nariz le dije que no era verdad, que la que había tocado a la chica había sido su novia mientras yo le acariciaba las, los pechos, no reaccionó y nadie en mi cara se atrevió a decírmelo.  Una tarde subí a una casa en la que estaban de reunión mayormente chicos, ella estaba en una habitación con puerta de cristal, parecía que estaba mareada o algo similar, su novio paso y comenzó a tocarla. Me marché y nunca más me acerqué a aquel grupo, sentía lastima por ella, aquel pedazo de mujer que baja estima tenía de sí misma. Ahora va con su compañero y llevan sistemas de inmovilización, machos, machos. De todo esto hace más de 35 años. Lo sé por que aun no conocía a otras personas que pasaron por mi vida, a las que sí tengo muy localizadas temporalmente.

 

No me importa quien lea esto. Es en realidad una terapia, yo estoy inhabilitado para ir al psiquiatra. Y psicólogos, conocí a un  tipo que estudiaba para llegar a serlo, me lo encontraba por hay en compañía de amigos en común, siempre ciego como la cabra de la Legión. Era bastante ambiguo, en todos los aspectos, no me despiertan confianza, su trabajo es manipular y hacer selecciones de personal para empresarios que no quieren conocer a quien van ha explotar.  

 

Además dado que sigo bajo persecución total, este es el único medio que me puedo pagar.

 

Un día vi en Documentos TV las denuncias que hacían personas que habían sido perseguidas por el FBI, explicaban los detalles del acoso al que habían sido sometidas. Yo no podré demostrar nada jamás. A mí ningún amigo o ex-jefe de trabajo me va a contar como fueron allí a hablarle de mí, no tengo amigos y ex-jefes muy pocos también. Solo un catalán, hace ya más 12 años, me dijo que dejaba de comprarme por que lo habían visitado, yo entonces tenía una Comercial Hostelera, pagaba mis impuestos. Otros dejaron de comprar sin más.

¿Demostrarlo? Una de las obsesiones de mi padre era que los presentadores de los telediarios te veían desde la pantalla del televisor. Yo he estado trabajando dentro de emisoras de radio de propietarios de derecha heredera y sé que no es así, que las cámaras solo envían, por ahora, las imágenes en una sola dirección, como los micrófonos de la radio. Pero que las autoridades de todo tipo tienen, digamos su propio programa de dedicados, se ha ciencia cierta que sí. Lo que a mí me demuestra es que mi padre, además de estar enfermo, podía ser inducido a enfermar. Jamás encontraré el resorte ni quién lo manejó. Pero si tengo algunos nombres de presentadores actuales, algunos ya en otras cadenas privadas. A los que me gustaría preguntarle un par de cosas. ¿Quién? ¿Por cuánto? ¿Cómo? ¿Con que objetivo? Y sobre todo, ¿Por qué?

La inducción a la tortura, existe como delito. Y La tortura psicológica también. Después de tanto tiempo por fin se aprecia el silencio y se valora en su justa medida el daño del que he sido victima, por décadas.

Os quepa la seguridad de que en la más mínima oportunidad retomaré el camino que inicié en 1987. Y dejará de perseguirme ningún hijo de siete padres, omnipotente e indenunciable, ante organismo de defensa de los derechos humanos alguno.

Pobre viejo.

 

          

A. Quijano

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